Y la niña. Los pedazos de telas ensambladas que cubren su cuerpo apenas crecido parecen decir a gritos cuál será su oportunidad. Tiene una mirada terrible y dura, no sé si me reprocha o me interroga. Pero ambos, dóciles y resignados, esperan que apriete el pulsador e inmortalice un instante. Nada más que un instante que pasará, como pasan todos los de la vida. Y yo me marcharé con mis oportunidades usadas unas e intactas otras, mientras vosotros seguiréis ordeñando una cabra para compartir el cuenco de leche al anochecer, y mañana con las brumas de las montañas, de nuevo al pastoreo.
Vistas de página en total
16/11/10
Lo que dejamos de nosotros-1
Y la niña. Los pedazos de telas ensambladas que cubren su cuerpo apenas crecido parecen decir a gritos cuál será su oportunidad. Tiene una mirada terrible y dura, no sé si me reprocha o me interroga. Pero ambos, dóciles y resignados, esperan que apriete el pulsador e inmortalice un instante. Nada más que un instante que pasará, como pasan todos los de la vida. Y yo me marcharé con mis oportunidades usadas unas e intactas otras, mientras vosotros seguiréis ordeñando una cabra para compartir el cuenco de leche al anochecer, y mañana con las brumas de las montañas, de nuevo al pastoreo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario